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Hace 50 años la publicidad era muy diferente al concepto que tenemos hoy en día. Esto se debe a que antaño no había tanta oferta de productos debido al contexto histórico de posguerra en el que se enmarcaba, donde reinaba el hambre y la escasez de recursos

Actualmente, la situación es totalmente opuesta, puesto que hay una diversidad de productos y servicios mucho más amplia, lo cual ha propiciado el gran giro que ha sufrido la comunicación comercial.

Antiguamente el receptor de las comunicaciones publicitarias era pasivo. Esto explica que durante los mensajes el emisor buscaba el contacto visual para captar su atención.

La mayoría de publicidad era sobre alimentación durante los años 50, porque la gente estaba en período de recuperación tras los conflictos bélicos que habían tenido lugar y sus despensas estaban vacías.

Respecto a la publicidad del siglo XXI, se puede decir que se trata de intentar molestar lo menos posible a nuestro público.

El receptor de nuestro mensaje está cansado del continuo bombardeo publicitario y busca la calma y la serenidad, por lo que es importante “susurrarle” y no gritarle.

 

El receptor es activo: dejemos que acabe el mensaje en su mente

La sutileza en la emisión del mensaje es clave, el receptor es activo por eso le dejamos que sea él quién lo termine en su mente. Tampoco es necesario palpar el producto como se hacía tradicionalmente, con indicarlo es suficiente para no perder el magnetismo que une al producto con el consumidor, ese deseo y hedonismo no se puede perder.

Se trata de una publicidad de índole emocional, cómo te sientes cuando lo consumes marca la diferencia. Los famosos ya nos serán los protagonistas del anuncio, puesto que no es del todo creíble, se buscan personajes de la vida cotidiana. La espiritualidad es la protagonista, la realidad sin tapujos.

Con un producto es suficiente, no necesitamos ver multitud de productos similares en pantalla. Recordemos que nuestros receptores están cansados de estar expuestos a tantos estímulos.

 

Ahora hablamos de deseos y no de necesidades

En la publicidad actual ya no se habla de necesidades, se considera tabú, se intenta rehuir porque se supone que ya están cubiertas. Por este motivo, se recurre a la palabra deseo, qué vinculación imaginativa y mágica establecemos con el producto que lo hace diferente a los demás.

Las sensaciones ocupan el papel protagonista para el consumidor. Por ello, es importante que los publicitarios creen historias que no tengan nada que ver el producto, puesto que, a mayor nivel de semejanza (explícitos), menos se identificará con el mismo, menor nivel de semejanza (implícitos).

Todo el mensaje se enmarca en una atmósfera agradable, no se trata de un lugar concreto como antes, incorporando elementos propios del paisaje, no importa el dónde sino el cómo.

Por ello, se busca un look internacional, que se pueda extrapolar a cualquier lugar del mundo, jugando con los estereotipos.

 

Una dimensión espiritual más que emocional

Es muy interesante analizar la evolución de la comunicación comercial.

Al comienzo, en sus inicios se utilizaba la máxima de cuanto más mejor debido a la escasez de recursos que se vivía en la época.

Actualmente, estamos cansados de recibir información de millones de productos perfectamente sustitutivos entre sí, es decir, cuyas funciones son las mismas.

Entonces, llega el momento de introducirnos en la publicidad espiritual, puesto que las funciones del publicitario no es satisfacer las necesidades del consumidor, sino que realmente ya están cubiertas.

Es necesario que el receptor tenga una conexión más allá de lo físico, de lo que puedan captar sus sentidos con el producto que le queramos vender.

Esto explica que el formato de anuncio tradicional haya dado un giro de 180 grados.

En ese sentido, el consumidor está sobreestimulado, expuesto a dichos estímulos, pero el problema radica en que su atención no está en los mensajes publicitarios. Este hecho es el que ha provocado que la comunicación comercial se intente simplificar al máximo en contenido y elementos que la conforman.

En definitiva, la sutileza, el silencio y la calma son el futuro de la publicidad.

IMG: shutterstock


Alba Caride

Grado en Marketing y Dirección Comercial por la Universidad Europea de Madrid. Asistente de Marketing en hoyreka!

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