Antes de la década de 1920, las parejas casadas siempre habían llevado bandas simples de oro como alianzas. Sin embargo, hace 90 años en EE.UU. la situación cambió drásticamente. Los diamantes ya no eran tan escasos y el grupo De Beers supo aprovechar al máximo la situación mediante una brillante campaña de marketing. La campaña tuvo mucho éxito y cambió no solo los hábitos de los consumidores sino incluso la cultura del país. Este grupo fue clave para formar la tradición actual del uso de diamantes en EE.UU. Ahora la mayoría de las mujeres prometidas reciben anillos con diamantes: bien sea el anillo de compromiso o la alianza matrimonial.

Un diamante es para siempre

De Beers se formó en el año 1888 y casi inmediatamente disfrutó de un monopolio en el negocio de los diamantes. Su inolvidable campaña que influyó tanto en el país se llamaba “un diamante es para siempre”. ¿Por qué fue tan exitosa esta campaña? Tenía 3 componentes esenciales:

  • El estatus social

De Beers reflejó el diamante como una imagen del estatus social de una persona. En sus anuncios, gente glamorosa aparecía comprando diamantes o buscando el diamante perfecto. Había escenas de hombres galantes sorprendiendo a sus bellas mujeres con un diamante. El mensaje era que la gente elegante llevaba diamantes. Tener un diamante era una señal de pertenecer a la clase alta.

  • Un símbolo de amor

En los anuncios, las mujeres que recibían los diamantes de sus novios se mostraban exultantes de felicidad. De Beers difundía el mensaje de que un diamante era el regalo perfecto a la hora de pedir matrimonio. Empezó a ser visto como “lo tradicional”, una parte esencial del matrimonio.

Para ayudar en su difusión, enviaban representantes a los colegios y las escuelas de educación secundaria para explicar a las chicas adolescentes el valor de los diamantes. Promocionaban el diamante como un símbolo de amor verdadero y el mayor de los gestos románticos por parte de un novio. Por lo cual, no era solo un símbolo de estatus social sino también de amor – medido en quilates.

  • Pasado de generación en generación

El éxito del slogan era total. “Un diamante es para siempre” daba a entender que los diamantes serían eternos: no se rajarían, no se romperían ni perderían su valor. Por supuesto esto no es verdad, pero la gente empezó a creerlo. Y entonces el anillo se volvió aún más simbólico, porque representaba la pureza del amor eterno – como la piedra preciosa permanecería inmutable para siempre. Y aún más, su valor se podría pasar a las generaciones futuras.


Pin It on Pinterest